San Eduardo Joyeros, ahora es más digital


Desde sus inicios, San Eduardo Joyeros destaca por el compromiso con la vanguardia e innovación en el universo de las joyas de diseño. Cuando a principios de la década de 1980 la Marquesa de San Eduardo decidió emprender en el mundo de la joyería, pasando de trabajar sólo por encargos de amigos y conocidos a ubicar la primera tienda en Madrid, comenzó una revolución. “La Marquesa Joyera”, como era conocida, no imaginaba cuánto se modernizaría su sueño de convertir San Eduardo en una joyería pionera en España. Ahora, 40 años después y con su hijo Miguel Mas al frente del negocio, se abre un nuevo ciclo: San Eduardo Joyeros estrena web y lanza su propia tienda online.


El nuevo portal de San Eduardo Joyeros tiene un diseño limpio y práctico que permitirá al usuario navegar y conocer los aspectos más relevantes de la historia de la marca. Se dirige en gran medida a ese público joven y urbanita que se acerca por primera vez al mundo de la joyería buscando distinción, a través de creaciones con personalidad, únicas y diferentes. Sobre fondo blanco se muestra una increíble colección de joyas disponibles para ser compradas online, también desde el teléfono móvil gracias a su diseño responsive. Anillos, collares, pendientes, pulseras, colgantes, junto con broches, gemelos y medallas, son las piezas principales de esta colección online. Además, el envío será garantizado a cualquier punto de España y contará con todas las medidas de seguridad necesarias para estas piezas valiosas y delicadas.


San Eduardo joyeros, su historia


San Eduardo Joyeros cuenta con uno de los escaparates de joyas más exclusivos de España. Sin duda es una insignia del Barrio de Salamanca, y de toda la capital, cuando se habla de alta joyería. Trabaja con diseñadores propios, pero también con grandes maestros joyeros internacionales, principalmente italianos. El boca a boca, el vanguardismo, la alta calidad y la exclusividad de las piezas han hecho que la firma de San Eduardo sea reconocida incluso en otras latitudes.


San Eduardo Joyeros se coronó como la joyería más sofisticada de Madrid, atrayendo hasta sus vitrinas a aristócratas, empresarios, actores, periodistas y celebridades como la familia Martínez-Bordiú, Carmen Lomana, María Zurita, Mar Saura, Luis Alfonso de Borbón, el Conde Lequio, Ana Obregón, Dolph Lundgren y Terrence Howard.

En sus inicios, San Eduardo Joyeros atrajo la atención de los amantes de la alta joyería al introducir en España, además de sus diseños originales, las piezas provenientes de la firma griega Zolotas. Esta joyería ateniense alcanzó fama internacional de la mano de grandes personalidades como Elizabeth Taylor, Grace Kelly, la familia Kennedy o Aristóteles Onassis. Sus diseños eran una novedad absoluta para la época. De esta forma, San Eduardo Joyeros se coronó como la joyería más sofisticada de Madrid, atrayendo hasta sus vitrinas a aristócratas, empresarios, actores, periodistas y celebridades como la familia Martínez-Bordiú, Carmen Lomana, María Zurita, Mar Saura, Luis Alfonso de Borbón, el Conde Lequio, Ana Obregón, Dolph Lundgren y Terrence Howard. Sin olvidar dos detalles a destacar: la lista de boda de la princesa Kalina de Bulgaria se organizó en San Eduardo y Arantxa del Sol lució una de las piezas de la joyería en una cena benéfica con el príncipe Carlos de Inglaterra, organizada por Porcelanosa en el Castillo de Windsor.


Somos modernidad


Los diseños de San Eduardo Joyeros se adaptan a todos los perfiles. Buscan crear en el cliente la sensación de adentrarse en un universo mágico, de vivir una experiencia, donde el oro, los diamantes, rubíes y otras piedras preciosas moldean formas únicas. Podemos encontrar confecciones de tamaño mini o de tallas XXL, distinguibles por su majestuosidad y nivel de detalle. La alusión a las formas femeninas y la combinación de materiales tradicionales y alternativos son parte del estilo de la marca. La nueva página web y la recién estrenada tienda online brindan la posibilidad de elegir y adquirir estas singulares piezas antes que nadie.